Irse lejos

La primera vez que me fui sola de viaje caí en Madrid. Me había ido casualmente dos semanas después de la inesperada muerte de una de mis mejores amigas de la adolescencia.

Todo era una locura. Mi mente viajaba a mil por hora.

En esa época leí mucho y aprendí cosas para poner mi mente a mi favor. Esto no significa que a partir de ahí siempre lo haya logrado hacer, pero en esa época aprendí lo que significaba poder poner mi mente a mi favor. Necesitaba controlarla, decidir qué pensamientos quería dejar fluir y cuáles no. Llevaba conmigo un dolor muy profundo, que a veces me permitía sentirlo, pero no podía permitirme que encima mi mente también se pusiera oscura o fluyera aumentando ese dolor.

Estaba sola y tenía que cuidar de mí misma como nunca antes. Aprendí a estar más conmigo y reivindicaba con mi propia vida la vida de mi amiga. Me motivaba a vivir, a valorar la vida que tenía, la salud física y mental, a mis seres queridos, a disfrutar cada momento y a vivir experiencias nuevas.

Era un viaje que había iniciado para sacarme de mi zona de confort, meses antes de saber que me terminaría yendo ya con toda la zona de confort descolocada. Y estando allá senti muchas cosas, algunas de ellas lindas.

Pasé mucho tiempo conmigo misma, sola o acompañada de desconocidos, y también me hice algunos amigos que aun perduran.

Este video ya tiene varios años, pero hoy lo veo y veo cómo crecí. Ya no tengo esos pensamientos, pero en su momento me sirvieron para reafirmarme conmigo misma. Hacer el video, dedicar un rato a pensarme y a crear me hizo sentir bien.

Lo comparto como parte de mi historia. Es simplemente otra experiencia más que me ayudó a construir lo que soy hoy.

 
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Autoentrevista (Vivi, 2018)