Autoentrevista (Vivi, 2018)

Esta foto fue tomada en la primer casa que viví luego de irme de la casa de mis padres. Ahí comencé con los retratos.

Esta autoentrevista la hice ese año, cuando los organizadores del “Congreso Uruguay” me pidieron que escribiera una nota para su blog, contando un poco sobre mí y sobre los retratos. El texto de más abajo fue lo que les pasé.

–  Viviana, ¿cómo estás?

–  Decime Vivi, por favor. Muy bien, muy emocionada por esta entrevista, es la primera vez que me hacen una así que vamos a ver que sale.

–  Ah, muy bien, Vivi entonces. Me alegro que estés muy bien. Empecemos con la primer pregunta, ¿por qué decidiste hacerte una autoentrevista? ¿No te parece un poco extraño de tu parte?

–  (Ríe) Bueno, la verdad es que cuando me invitaron a formar parte de este blog me puse muy contenta y después de unos días de pensar qué escribir concluí que en realidad nadie sabe quién soy entonces tendría que presentarme primero y después sí contar cosas más específicas sobre los retratos… No sé, me pareció que podía ser más interesante que la gente supiera quién soy antes de hablar de algo. Bueno, quién soy a grandes rasgos digamos.

–  Bueno, contame algo de vos entonces, ¿cómo empezaste con la fotografía?

–  ¡Dale! Empecé con la fotografía a los 21, después de dar varias vueltas buscándome y buscando qué hacer de la vida. (Ríe) Cuando salí del liceo empecé la carrera de Psicología en la UdelaR y la de Comunicación en la ORT. Al mes de arrancar Comunicación, la dejé y me anoté en el Instituto de actuación de Montevideo (IAM) a hacer la carrera de Actriz. Ya había hecho unos talleres de teatro antes, pero el IAM y todo el ambiente de teatro fue el primer lugar donde me sentí libre y me encontré más que nunca a mí misma, eso me hizo crecer un montón en distintos aspectos. De todas las cosas que empecé fue la primer carrera que terminé, estaba claro que me gustaba. (Ríe)
Al año siguiente dejé Psicología y me anoté en la Licenciatura en Diseño de Comunicación Visual, de UdelaR, donde estudié muchos años hasta que la suspendí por tiempo indeterminado, quedándome 3 materias para recibirme.
En el medio de este proceso, a los 21 años, viajé a EEUU con mi padre a visitar a mi hermano, y me compré mi primer cámara reflex. Empecé a estudiar de forma autodidacta, a sacar fotos en modo manual y a aprender cosas por la mía. Cuando volví a Uruguay, mis compañeros de teatro fueron los primeros en pedirme que les saque fotos a una obra que estaban haciendo. Con eso empecé, hasta que a los pocos meses estaba en un bar con una amiga y le comento “que demás está este bar para sacar fotos eh…“ y me dice “ofrecéles“. La verdad lo dudé un poco porque yo recién arrancaba con la fotografía, pero ella me re dio para adelante y al final terminé yendo a hablar con el dueño del bar. Le pregunté si por esas casualidades de la vida andaban precisando alguien que saque fotos, porque era la primera vez que iba al bar y me parecía que estaba buenísimo para sacarle fotos; y me dijo que sí, que justo habían pensado hace poco en eso. (Ríe) Sí, increíble pero real. Está salada la vida… (Ríe) Y bueno, ese fue mi primer trabajo pago de fotografía. A los días fui a hacer unas fotos de prueba al bar para mostrarle al dueño, las edité un poco más en serio, se las mostré, quedó copado y me contrató. De ahí en más seguí haciendo todo tipo de cosas de foto, trabajos y cursos. Estudié en el Fotoclub Uruguayo, en la Escuela Uruguaya de Fotografía, hice Workshops diversos con fotógrafos muy genios, y también hice la Tecnicatura Académica en Fotografía del Claeh, que fue lo que me dio mayor seguridad con todo lo que estaba haciendo. Después me metí en la fotografía social haciendo cumples infantiles, eventos y bodas. Actualmente trabajo en bodas de segunda cámara con Patricia Riba y Mika Álvarez, y también hago algunas por mi cuenta.

–  ¿Cómo empezaste a hacer retratos?

–  Empecé a hacer retratos en un verano, que tenía un amigo que estaba haciendo y yo hacía tiempo quería hacer, entonces un día estaba en casa y dije “ta, hoy lo hago”. Fui a una casa que vendían telas y me compré un tnt para usar de fondo. No sé de donde había sacado la idea del tnt la verdad… (piensa) pero me lo compré, lo pegué a la pared con cinta adhesiva y arranqué a fotografiar gente con ese fondo (ríe).

–  ¿A quién le hiciste tu primera sesión?

–  Bueno, yo vivo con una amiga en un apartamento en Montevideo y ese mismo día que compré el fondo y lo pegué, solo me faltaba una persona para poder hacerle las fotos. Entonces llegó ella de trabajar y le dije (simula la situación) “che, quiero empezar a hacer retratos y necesito alguien para retratar, ¿vos te animás?”. Después de pensarlo un poco y aunque le daba vergüenza, me dijo que sí. Esa fue la primer sesión que hice, que fue super diferente a lo que es ahora, pero fue la primera en esa modalidad.

–  Decime una cosa que no puede faltar en tus sesiones de retratos.

–  ¿Una cosa que no puede faltar? (piensa por un momento) Conexión, supongo. Porque necesito estar yo conectada conmigo misma en primer lugar para poder conectar con el otro. O sea, antes de cada sesión siempre me concentro como dos horas antes de la hora acordada con el retratado y armo todo, limpio la casa, pongo algún incienso, pongo música… Como que genero todo el clima exterior digamos, por un lado, y aparte de eso necesito transformar mi clima interior también, entonces medito, bajo un poco más a tierra (respira profundamente) y me conecto yo un poco conmigo para poder estar preparada para estar enteramente con el otro también. ¡Ah! (se exalta recordando algo) y otra cosa imprescindible es que el otro también tenga ganas de estar ahí, que esté abierto y con ganas de meterse en un viaje de esos.

–  ¿Qué buscás en los retratos?

–  Eh… busco la esencia de la persona. Es un poco amplio eso en verdad… (piensa y ríe) pero busco poder ver más allá de lo que se ve a simple vista digamos. O sea no me interesa una foto que la persona salga linda, sonriendo y ya está, me interesa que la persona realmente se conecte con ella misma en ese momento, y se quede en su mundo, en su viaje, mientras yo le saco fotos. Me interesa poder captar esos momentos en los que la persona realmente estuvo consigo misma y se olvidó que yo estaba del otro lado. Que se deje ver el alma, la esencia, y que baje todas las barreras con las que vivimos en el día a día.

–  ¿Por qué les pusiste de nombre “Un encuentro contigo mismo”?

–  Eh… (recuerda y se ordena internamente) en verdad yo estaba haciendo en ese momento un curso de Social Media Strategist, porque soy muy mala para todo el tema del marketing y dije “ta, si realmente quiero vivir trabajando independiente, algo básico tengo que saber por lo menos“. Entonces en ese curso teníamos que hacer una especie de estrategia para algo que quisiéramos y yo agarré esto de los retratos que me tenía re copada. Empecé a pensar qué implicaba para mí ese momento, qué quería que fuera para el otro, cómo lo vivía y lo sentía yo, y bueno, de ahí surgió el nombre. Me di cuenta que yo no quería que fuera una sesión de fotos así nomás, sino que quería que fuera una instancia en la que la persona se pueda llevar algo más allá de las fotos. Que la persona se conectara consigo misma y se diera un espacio en el medio de su rutina para poder ver cómo estaba, qué estaba sintiendo, que quería. Porque creo que en el día a día estamos todo el tiempo yendo y viniendo para un lado y para el otro y no nos damos el tiempo suficiente para escucharnos realmente y ver cómo estamos. Ser conscientes si estamos realmente disfrutando nuestra vida o simplemente estamos existiendo en una realidad y un sistema en el que lo único que hacemos es intentar sobrevivir. Yo tuve una especie de click así en un momento de mi vida, de darme cuenta que estaba medio dormida, por eso ahora le doy tanta importancia a escucharme, analizarme a ver cómo estoy, y ocuparme de vivir y sentir, en vez de solo estar existiendo y sobreviviendo. Yo creo que vivir es un estado un poco más profundo que sobre-vivir, que implica más consciencia de todo, más atención, más escucha, más empatía y más amor.

– Muchas gracias Vivi, ha sido un gusto entrevistarte.
– ¡Gracias a vos, por escucharme! (se ríe de sí misma sintiéndose muy rara por haberse autoentrevistado) ¡Y a vos por leerme! (hace un guiño al aire y apaga la grabadora) 

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